Hace ya casi seis años mi mamá murió de cancer. Irónicamente en el mes en el que se conmemora la lucha contra esta enfermedad.
Contrario a lo que se suele decir, no creo que mamá allá perdido la batalla contra el cáncer. Ella le hizo frente como a quien le da resfriado y finalmente sucedió lo que a todos los seres vivos nos sucederá. Lo malo es que lo hizo mucho antes de lo que a uno le hubiese gustado, pero así es la vida y todos sabíamos que ese sería el desenlace.
Cada vez que me acuerdo de mi mamá me viene a la mente como la ví y lo que pensé el día antes que muriera, lo tranquila y serena que se veía en la funeraria antes de que la cremaran y por supuesto como me sentí cuando, estando en el trabajo, recibí la llamada con la noticia.
Si, mi mamá luchó y sufrió bastante, mucho más de lo que le hacía notar a las personas que la veían. Prácticamente, en algún momento, se peleó con casi todos los que la atendieron y me causaba mucha gracia porque una cosa que detestaba era que estuviesen encima de ella, asistiendola cuando ella no había pedido ayuda, como cuando iba de compras y se molestaba con los dependientes que asistían en su ayuda cuando ella no lo deseaba, igualitoooo.
La tristeza, al igual que los recuerdos, es algo particular de cada cual. Yo, en lo personal, tengo mis momentos de flaqueza en donde una lágrima lo resuelve todo. En mí hay muchas cosas de mi mamá que me provocan una sonrisa más que tristezas. De todos modos, si voy a acordarme de una persona, prefiero tener presentes los buenos recuerdos, pues con los malos no haré nada productivo.
A pasado algo de tiempo y claro que la extraño mucho, pero nada puedo hacer. Solamente hay que vivir con eso y seguir. Vivir del recuerdo es imposible porque el tiempo avanza lo mismo que nosotros con él.
No hecharía el tiempo hacia atrás. Lo vivido no es una consecuencia de decisiones tomadas. Es mas bien una lotería, en la que a mi mamá le tocó vivir un destino y lo enfrentó tal cual ella era. Con todos sus temores e incertidumbres, con mucha entereza, coraje y realidad.
De esta enfermedad, lo bueno que se puede rescatar es que mi mamá se aseguró que todas las personas que ella quería supieran que ella les quería mucho. A todos nosotros nos lo hizo saber hasta cuando ya no pudo más. Se sintió muy agradecida por lo que todos hicimos por ella, por haber estado pendiente, por haberla ayudado. Ojalá la historia hubiese tenido otro final, pero así es la naturaleza y todavía el ser humano no puede hacer nada en contra de ella.
Yo sé que ella no podrá leer este escrito y mejor, porque si me llegara a responder, al principio no le creería y creo que después me asustaría mucho utilizar la computadora.
Hasta que nos falle la memoria, nos acordaremos todos los abriles de tu cumpleaños y todos los octubres de tu muerte.
Si mamí, haces mucha falta, pero no estoy triste, por lo menos ahorita no, después quien sabe, pero al rato se me quita.
Besitos... chao...
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